Las voces de mi cabeza están, nunca desaparecen. Es como en esas típicas pelis en las que el diablo y el ángel le hablan al protagonista en cada oído. Aparece en cualquier ocasión, cerca de cada espejo, cerca de cada comida.
El alimento pierde todo tipo de sabor en mi boca, menos uno, el sabor a la culpa. Mi mandíbula solo tiene una función, masticar y seguir masticando. Mientras trago lo siento, la comida esparciéndose en mi cuerpo, mi panza hinchándose, la grasa concentrada en mis cachetes. Siempre deja un rastro. Siempre esta ahí para recordármelo.
El ejercicio se volvió mi refugio. Mi cuerpo arde en cada abdominal. Lo soporto porque así hace efecto, así es como desaparece un rato y llevándose también con ella las calorías. Cuando vuelvo del gimnasio me examino en el espejo, esperando resultados, restando los números acumulados.
Pero ella siempre está. Mi mayor compañera, la culpa.
Con amor Absurda...
Me siento identificadisima!!!, cada mañana me examinó para ver como estoy, no tengo bascula. Cada comida es horrible, intentado cuanto menos mejor, masticar y tratar y yo lo noto en nos piernas. Como si estuvieran untadas de mantequilla... Simolemente asqueroso, y quieres más y mas. En cuanto estas de peso?
ResponderBorrarRealmente me parece muy loco como transmitimos esa sensación a nuestro cuerpo, es muy extraño. Deseo que te recuperes pronto hermosa ❤️
BorrarNo lo sé... Esto ya me pasó hace tiempo y conseguir estar bien peor ahora ya no sabría como volver a estarlo...
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